Cultivar la Paciencia

Los últimos meses de mi vida: «cultivar la paciencia» está siendo como un mantra para poder atravesar los obstáculos día a día. No me caracterizo por tener una gran paciencia, así que me está costando doble trabajo confiar en que todo lleva su tiempo, que todo es perfecto tal cual es y que las semillas que vamos sembrando necesitan su tiempo para germinar. Respiro, suelto y confio.

Es por ello, que quería reflexionar sobre la importancia que tiene que trabajemos esta cualidad para beneficio de nuestro bienestar emocional.

Definición

Derivada del término paz, describe la capacidad que posee un sujeto para tolerar, atravesar o soportar una determinada situación sin experimentar nerviosismo ni perder la calma. De esta manera, puede decirse que un individuo con paciencia es aquel que no suele alterarse.

Beneficios

La paciencia nos ayuda a tomar decisiones desde la madurez, la calma, la tolerancia, el respeto y la perseverancia que nos permite tomar el control y poder superar las adversidades con tenacidad de manera tranquila, optimista y siempre buscando la armonía y la mejor solución.

Ligada a una personalidad madura, educada y humana. Es una de las mayores fortalezas que nos ayuda a vivir en paz.

Representa la capacidad de aprender a esperar por alguien o por algo.

Inconvenientes

En la actualidad, no es fácil desarrollar la paciencia debido al sistema de quehaceres, estrés y la inmediatez con la que se nos ha acostumbrado a recibir todo lo que necesitamos.

El sistema en el que nos movemos está ligado a unos objetivos y resultados, hemos perdido el curso natural de las cosas, queriendo acelerar todos los procesos por nuestro propio beneficio («el ego tiene prisa, el ser sabe esperar»).

La falta de paciencia hace que nuestra propia impulsividad y ansia nos ciegue de ver posibles soluciones menos dramáticas de las que nuestra mente y ego está creando porque sólo ve el fin.

La sociedad en la que vivimos, no promueve cultivar esta cualidad, es más nos encontramos a diario con muchísimos obstáculos que nos llevan con la inercia a ser cada vez más impacientes. El tiempo, esa gran riqueza que todos ansiamos y que pocas veces disfrutamos cuando realmente conseguimos «tenerlo».

¿Cómo cultivar la paciencia a diario?

Desde aquí me gustaría compartiros las técnicas que estoy desarrollando poco a poco y lo que me ayuda a soltar esa parte egoíca que hace que me inquiete o me entre el ansia cada vez que las cosas no salen como «yo» quiero, a la velocidad o en el tiempo que me propongo o que encuentro un obstáculo en el camino.

Cada vez que noto que mi cuerpo se acelera, paro a observar qué es lo que mi mente está creando. El ego es el que tiene prisa, el ser está en calma porque sabe que todo aquello que necesita ya forma parte de nosotros, así que confia en que todo sucede en su debido tiempo y que todo aquello que necesite llega a mi en el momento adecuado.

Si consigo observar la historia de aquello que mi mente ha creado para alterarme desde una distancia, es entonces cuando me disocio, respiro y pongo el foco en notar cómo la respiración entra y sale por mi cuerpo, a la vez que me digo: «todo está bien en este momento». Normalmente aquello que nuestra mente espera que suceda es algo imaginario que esperamos que suceda en un futuro, con lo cual no es una realidad. Es algo inventado , algo que no existe.

Cuando consigo que mis pulsaciones y nerviosismo baje, entonces suelto el «problema en mi cabeza» y empiezo a contemplar lo que hay a mi alrededor, mi realidad. Agradeciendo y dándome cuenta de todas las cosas bonitas que sí que existen, y son reales. Dejar de darle «comida pensando a nuestra mente» para vivir nuestro presente es una de las herramientas más valiosas para soltar el ansia, el sufrimiento y el aceleramiento.

En el caso de que nuestro ego esté esperando unos resultados o creando unas expectactivas, este ansia es la misma que retrasa que las cosas fluyan , porque estamos cerrando la energía a que la vida fluya por su libre albedrío como en la naturaleza . Quizá aquello que nuestro ego quiere está evitando que algo mejor llegue a nosotros, prueba a soltar todo aquello que deseas, y a abrirte a la experiencia.

Si existe una situación que me toca resolver, si siento que hay una impulsividad que me lleva a responder de manera rápida y me doy cuenta. Paro dicha impulsividad y me tomo mi tiempo. A veces si puedo, espero a que sienta en mi interior el momento de dar respuesta, hay algo que me lleva a responder muchas veces desde la impulsividad, y es esto lo que estoy poniendo en practica a dejar que madure, que se tranquilice para ver una claridad en la respuesta que quiero dar, porque eso que tiene prisa en responder no somos nosotros, eso es la parte que no confía en que todo está bien. Lo que nos sostiene, el ser, nunca, nunca , nunca tiene prisa. ¡Acordaros! Yo me lo grabo a diario… es así cómo reconozco cuando estoy neurotizada por mi mente y mi parte egóica y cuando no. El resultado de cómo nos sentimos cuando confiamos es calma, plenitud y tranquilidad.

¿Qué estás esperando que suceda? ¿te das cuenta que mientras esperas y pones el foco en el resultado te olvidas de disfrutar de cada día?

Encantada de conocer las herramientas que utilizáis para cultivar la paciencia en comentarios.

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